Quilombo
"Normalidad" es una palabra que se ha repetido mucho esta semana que termina, de huelga general y manifestaciones por toda Europa contra las políticas de ajuste. Han abusado de ella desde el presidente del gobierno español hasta sus ministros, pasando por los medios de comunicación. Aquí no pasa nada, todo forma parte de la sucesión natural de los acontecimientos que entran en el "debe" de la contabilidad política: es "normal" que la gente muestre su descontento ante los mayores recortes en el gasto público que se recuerdan y ante reformas laborales que no se atrevieron a hacer ni los gobiernos de derecha. La protesta ciudadana debe neutralizarse con la propaganda, con el arbitrario arbitraje de "derechos" que se desempolvan para la ocasión (los del trabajo, los de los usuarios) y si ello no basta, como así fue, pues habrá que hacerlo mediante la organización de una puesta en escena teatral. Al final todos habrán cumplido "con su papel": los sindicatos, el papel de manifestarse y desfilar; los asalariados, el de hacer huelga; los medios, el de construir el relato que pase a la posteridad; y el gobierno, el de aportar cifras, mantener el orden público y hacer caso omiso a las reivindicaciones, por aquello de la "responsabilidad".