Sami Nair, en 'El País'
La crisis actual provoca una radicalización generalizada de todos los mecanismos de dominación social (competencia, precariedad, exclusión, etcétera) y desvela los grandes ejes estructurales sobre los cuales se asienta la sociedad. El economista austriaco Schumpeter subrayaba, después de la crisis de 1929, que el capitalismo se nutre de la crisis para desarrollarse y que esa crisis es siempre una "destrucción creativa". Lo que no decía era quiénes sufren la destrucción y el sentido de "creación".
Sin embargo, hoy en día tenemos métodos más precisos, finos y complejos para analizar la realidad económica; sabemos que una crisis estructural como la actual debe ser medida no solo en la dimensión económica sino también, y sobre todo, en relación con la totalidad de los mecanismos de reproducción de la sociedad. Lina Gálvez y Juan Torres acaban de publicar un muy estimulante ensayo, Desiguales: Mujeres y hombres en la crisis financiera (Icaria, 2010), sobre, precisamente, estos trastornos. Su demostración es implacable: no son solamente los acervos sociales, atacados por la deflación salarial, la desregulación de las reglas del mercado de trabajo, los que padecen la crisis financiera y económica actual, sino que se está rompiendo el equilibrio entre los géneros, las generaciones, los inmigrantes y la sociedad de acogida, favoreciendo la profundización de las asimetrías sociales.